El ictus, o cómo yo podría tener Daño Cerebral Adquirido

Os dejo una noticia interesante extraída de la web de Fedace.

El ictus, o cómo yo podría tener Daño Cerebral Adquirido

A falta de un estudio epidemiológico serio y fiable, los datos que manejamos sobre incidencia del daño cerebral adquirido nos indican que su causa, en el 78% de los casos[1], es un ictus. Derrame, accidente cerebrovascular, infarto cerebral… son diferentes maneras de denominar una enfermedad que es la segunda causa de muerte[2] (primera en mujeres) y principal causante del daño cerebral adquirido.

Una de las prioridades del movimiento asociativo del daño cerebral es, por lo tanto, la prevención de las causas de esta discapacidad. Evitar que lleguen a entrar por la puerta de las asociaciones personas con daño cerebral, reducir al mínimo su incidencia, son objetivos que aumentan su nivel de prioridad.

El ictus no se puede evitar. No existe una vacuna que lo aisle de nosostro/as. Pero cuenta con una serie de factores de riesgo, de los que muchos se pueden frenar. Podemos no fumar o consumir azúcar. Otros no se pueden evitar, pero sí minimizar; no podemos evitar cumplir años, pero sí desplegar estrategias para cuidar nuestro cerebro y envejecer activamente.

Factores de riesgo del ictus

Se entiende por factores de riesgo aquellas circunstancias que incrementan las posibilidades de que una persona tenga un ictus. Los acelerados cambios en el ritmo de vida de las sociedades occidentales y su aceleración por causa de la crisis económica pueden estar relacionados con un aumento de la incidencia de muchos de los factores de riesgo del ictus.

Tanto la hipertensión como el colesterol complican las cosas a nivel cerebrovascular. Los dos están directamente relacionados con la incidencia del ictus; así como la diabetes. La alimentación es fundamental como elemento regulador de los nutrientes y energía con que cuenta el cuerpo humano. También a la hora de regular la tensión y el colesterol. El consumo elevado de azúcares, grasas (especialmente las saturadas y trans) y, en general, una dieta poco equilibrada, incrementan el riesgo cerebrovascular. El crecimiento de las tasas de obesidad (junto con la peligrosa obesidad infantil) dan una muestra de lo mal alimentada que está nuestra sociedad; tendencia en la que el empobrecimiento general de la población provoca un aumento.

Estrechamente vinculado con la alimentación y con la obesidad, está el sedentarismo. También con los cambios en el modo de vida de las sociedades llamadas “avanzadas”, altamente tecnificadas y con entornos urbanos poco preparados para el desarrollo de ejercicio físico. Los niños y niñas cada vez juegan menos al aire libre. El 44% de la población española no hace deporte nunca[3]. El sedentarismo, además de otras consecuencias nefastas para la salud, multiplica los problemas cardíacos, aumentando el riesgo de ictus.

El consumo de tabaco, alcohol y otras drogas son igualmente factores de riesgo del ictus. Perjudican la circulación de la sangre y están directamente asociados con su incidencia. Estudios recientes alertan del aumento de los casos de ictus en la población más joven motivados por el consumo de cocaína.

Mencionados los cambios para mal en nuestro estilo de vida, solo faltaba uno de los grandes males modernos: el estrés. Las prisas, la urgencia, los ritmos de trabajo acelerados, la insatisfacción… nos ponen los nervios de punta y nos complican el ritmo cerebrovascular. La ansiedad también crece como factor de riesgo del ictus, y recientes estudios informan de que incluso dormir poco o mal también nos predispone negativamente de cara al ictus.

Prácticas individuales: ¿cómo prevenir los factores de riesgo?

Unos hábitos de vida saludables son un elemento indisensable para aminorar los factores de riesgo del ictus. Reducirlos implica hacer mínimos cambios cotidianos que ayuden a solucionar cada uno de esos pequeños problemas.

Llevar unha dieta equilibrada es la primera medida. Desterrar los dulces industriales y evitar los alimentos precocinados es un buen principio. Las famosas cinco raciones de frutas y verduras frescas al día son una buena pauta para continuar. Controlar el consumo de sal y también el de azúcar, procurar mantener el cuerpo hidratado con dos ou tres litros de agua al día, frenando el consumo de refrescos, y limitar las cantidades de alimentos ingeridos también ayuda.

La llamada dieta mediterránea, basada en la abundancia de verduras, cereales y aceite de oliva, es una referencia para llevar una alimentación saludable. En Galicia tenemos como referencia la dieta atlántica, muy similar a la anterior, pero con especial protagonismo para el pescado fresco. Este es un alimento fundamental, ya que tiene ácidos grasos omega-3, que lle sientan muy bien al cerebro.

Otros alimentos antioxidantes que el cerebro agradece ganando salud y agilidad son las uvas, las manzanas, las nueces, el chocolate negro… Sin olvidar las bondades del té verde, y también del vino: un vaso al día es una recomendación unánime y una dosis adecuada para no abusar.

Es necesario tener ojo con el alcohol y prescindir de las drogas. El tabaquismo es otro de los grandes males para el equilibrio cerebrovascular. Dejarlo es difícil, pero no imposible. En el centro de salud u hospital de referencia se puede encontrar información para abandonarlo; y en internet, la Facultad de Psicología de la UNED nos ayuda con asistencia online[4].

Huelga señalar que, además de todas estas pautas, las personas con hipertensión, hipercolesterolemia y, aun más, diabetes, deben seguir los controles rutinarios y las recomendaciones médicas pertinentes antes que cualquier otra pauta.

Aun así, una buena alimentación, los controles médicos, prescindir de las drogas, moderar el consumo de alcohol y abandonar el tabaco son medidas que no llegan si no se cumple con una pauta fundamental: evitar el sedentarismo. O lo que es lo mismo, hacer ejercicio; introducir la actividad física en la vida diaria.

Ir al gimnasio de vez en cuando está bien, pero es aun mejor hacer algo de actividad física cada día. Ir caminando o en bicicleta al trabajo, optar por las escaleras en vez del ascensor o las propias tareas del hogar suponen una actividad física cotidiana, que no nos quita mucho tiempo y nos hace ganar en salud. Si, además, salimos a andar –o correr- media hora al día, o acudimos al gimnasio dos o tres veces por semana, nuestro equilibrio cerebrovascular se va a ver muy fortalecido.

Un estudio reciente señala que la risa fortalece el sistema inmunológico y reduce la ansiedad y el estrés al liberar endorfinas[5]. Usemos esta técnica para subvertir todos los factores anímicos que también introducen riesgo de ictus, intentando relativizar los problemas y tener una visión positiva sobre las cosas.

Epílogo. Identificar el ictus y actuar cuanto antes!

Todo el mundo sabe que si tiene un dolor agudo y repentino en el pecho puede estar sufriendo un infarto. Las asociaciones de daño cerebral queremos que se difunda de la misma manera el conocimiento de los signos de alarma del ictus, de manera que cualquiera identifique rápidamente un dolor de cabeza agudo y repentino, una parálisis en un solo lateral del cuerpo o la dificultad para hablar o entender el discurso como síntomas de alarma del ictus.

Envellecer con DCA

Si después de seguir todas estas pautas el ictus se presenta en tu vida, e identificas alguno de estos signos, actúa cuanto antes. Llama al 112 o al 061. Recuerda: el tiempo es cerebro.

[1] Fuente: El Daño Cerebral Adquirido (DCA) en España: principales resultados a partir de la Encuesta EDAD-2008, de Martha Quezada (Boletín nº 3 OED).

[3] Fuente: Eurobarómetro especial sobre deporte y actividad física de marzo de 2014 (http://ec.europa.eu/public_opinion/archives/ebs/ebs_412_en.pdf).

[7] http://envellecercondca.wordpress.com/

FUENTE ORIGINAL: http://fedace.org/el-ictus-o-como-yo-podria-tener-dano-cerebral-adquirido/

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